Los falsificadores y por ende las falsificaciones han existido siempre. Los egipcios ya conocían la
falsificación de joyas y se sabe que los griegos clásicos ya tuvieron problemas con la falsificación de
obras de arte y en el Imperio Romano era un delito muy frecuente la falsificación de obras de arte. De
hecho fueron los primeros que legislaron sobre falsificaciones.
Hoy en día ya en pleno siglo XXI la falsificación de obras de arte es el tercer «negocio» en números
absolutos (da igual lícito que ilícito) a nivel mundial, tras el narcotráfico y el tráfico de armas.
Con la secularización del arte, los objetos artísticos e históricos adquieren una función eminentemente
decorativa y representativa de la erudición, capacidad económica y clase social de sus poseedores. Y
son precisamente aquellos que se quieren «beneficiar» de la capacidad económica de los otros los que
comenzaron a falsificar obras de arte.
Así la obra de arte falsa se transforma en mercancía con un valor de cambio o un precio de venta
totalmente inflado, entrando dentro de los círculos del comercio internacional en los que la ley de la
oferta y la demanda mueve miles de millones de euros en todo el mundo.
Esta comercialización de la pieza de arte -vendida como original y única pero verdaderamente falsa- y
el afán coleccionista de las clases pudientes han dado lugar a un desorbitado incremento en su
apreciación económica, acudiéndose en numerosas ocasiones a los medios delictivos de falsificación
para cubrir la creciente demanda de estos objetos. Es un hecho que la falsificación de obras de arte está
creciendo alarmantemente en todo el mundo.
Este tipo de delito se produce tanto en países industrializados como en el Tercer Mundo. Tanto en unos
como en otros esta actividad no ha cesado de aumentar en los últimos años, hasta tal punto que se la
puede considerar como una industria en plena expansión. Esto no es extraño tras el alza vertiginosa de
los precios de venta de las obras de arte desde la década de los 80 en el siglo XX, alza que se detuvo en
la primera década de este siglo XXI debido a la recesión económica.
El desarrollo social y económico de las últimas décadas ha forzado aún más estas tendencias delictivas.
Las falsificaciones se han disparado de manera espectacular en todo el mundo, España incluida, dando
lugar a una criminalidad «de encargo» organizada y especializada que requiere una respuesta penal
precisa y contundente y para ello se necesitan especialistas que asesoren a los Tribunales.
Este curso, de gran especialización, es un complemento ideal para todos los peritos licenciados en Arte, anticuarios, o simplemente aquellos que les guste el arte.
Cada vez son más las revistas sobre Arte que aparecen en España, lo que implica el gran volumen de
antigüedades que circulan por el mercado, tanto español como europeo. Y eso significa sencillamente,
un aumento de la falsificación de obras de arte.
En este curso se le da a conocer al alumno, todos los tipos de falsificación en las obras de arte y sus
respectivos sistemas de identificación.
El material que recibe el alumno consta de tres módulos de estudio y el tiempo estimado para realizarlo
es de 600 horas, atendiendo al alumno durante un periodo de 2 años desde la matriculación.
Una vez aprobado el curso, la Asociación Empresarial de Peritajes y Valoraciones Judiciales (A.P.P.J.), le remitrá el carnet profesional y le incluirá en los juzgados de la zona que solicite.